La dama de blanco

He concluido la lectura de La dama de blanco de Wilkie Collins y quiero comentarla con vosotros.

Para empezar diré que a mí me gusta la literatura del siglo XIX, sea victoriana, gótica o no, o sea que no soy muy imparcial en este caso aunque procure serlo, nobleza obliga.

Hace unos años había leído de este autor La piedra lunar, que me fascinó, y Las hojas caídas, pero tenía muchas ganas de conocer La dama de blanco y gracias a Amazon Kindle lo he conseguido.

De este autor decía Borges: “Wilkie Collins es el maestro de la trama, la zozobra y los desenlaces imprevisibles”, y es cierto, pero hay que leerlo situándonos en su época, porque, actualmente, resabiados como estamos con las películas y los telefilms, podría más de uno permitirse el lujo de tratarle con indulgente condescendencia a él, el maestro, precursor de un género, como por ejemplo lo fuera entre los primeros, Poe, cuyos pinitos policíacos sentaron escuela.

El comienzo de La dama de blanco puede antojárseles a algunos un poco premioso e incluso previsible en su desarrollo, pero esa sensación se desvanece pronto en cuanto la acción sufre un giro inesperado que te desbarata todos los esquemas, y así continúa con capítulos (mejor dicho confesiones de todos los personajes que intervienen en la obra), de intriga creciente y muy bien llevada.

El texto se va desarrollando poco a poco, paso a paso, y con tranquilidad, pero eso no priva de que haya escenas de una gran acción tan trepidante como pueda encontrarse en las novelas de cualquier autor actual de bestsellers.

A destacar el papel de la mujer siempre muy dentro de su época, o sea secundario y como víctima y a la espera del caballero que la salve; en el siglo XIX no se podía concebir de otra manera.

En cuanto a los “malos” son “malos” integrales, sin fisuras. No puedes tenerles simpatía. Uno de ellos es de antología, sumamente pintoresco e incluso extravagante, cómico, según se vea.

Algo que tengo que destacar y que me encanta, es una costumbre que suele darse en los autores ingleses: sus personajes no son planos, cada uno es diferente al tener su propia psicología, evidente en su forma de expresarse.

Y para concluir otro detalle, el acabado perfecto, que no deja cabo sin atar, el resumen final de lo que les aconteció a todos y cada uno de los personajes una vez concluida la historia. Costumbre esta que era casi norma en el XIX, herencia del anterior. Hoy en día los finales son diferentes, bruscos en algunos casos y siempre impactantes, me estoy refiriendo a las novelas policíacas o de intriga.

En resumen, una excelente novela que si best seller fue en su época, hoy lo continúa siendo, bajo la denominación de clásico. Lo maravilloso es que casi a 200 años de su publicación, el autor de La dama de blanco siga teniendo un público que le lee con avidez, cosa que tal vez no pueda decirse, en un futuro, de muchos escritores actuales.


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